La rueda del hámster

 

Hoy LinkedIn me ha enviado un mail con una sugerencia de empleo que podría interesarme. Concretamente se trataba de una agencia de medios en Barcelona que buscaba un perfil realmente similar al mío. Como no suele ser un perfil muy demandado he decidido cotillear la oferta. “Por si las moscas…”.

En principio la oferta podría haber parecido interesante. Se trataba de una gran agencia que conozco bien, las tareas y responsabilidades pintaban muy bien, el perfil requerido encajaba bastante bien con el mío… hasta que he llegado al apartado competencias personales. Pedían cualidades necesarias y habituales para este puesto: inquietud por aprender, iniciativa, orientación a cliente, orientación a calidad, trabajo en equipo, pensamiento analítico… Pero lo que me ha impactado que además de éstas, y situadas en las top 3 cualidades que se requerían, estaba la tolerancia, la gestión de la presión y la gestión del stress. Entre líneas he leído: puesto no adecuado para madres, no apto para personas con compromisos familiares, abstenerse cuarentañeras e incluso preferentemente varones.

Me lo digo a menudo. Realmente tengo que salir de esta rueda.

La rueda del hámster

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La crisis del 90%

Conocí a mi marido hace unos 20 años. Yo aún estudiaba. Él ya no. Recuerdo la primera vez que quedamos a solas, sin el resto de amigos con los que solíamos quedar. Yo estaba de exámenes. Al día siguiente tenía un examen, el último de aquel cuatrimestre, y estaba en casa estudiando. Muy rara circunstancia porque solía hacerlo en la biblioteca. Él llamó a mi casa, ¡de mis padres, vamos! Porque entonces se llamaba a las casas, no a las personas. Me convenció que igualmente tenía que cenar, así que me invitó a salir a cenar fuera y acepté.

Recuerdo que durante la cena le dije que ha no podía seguir estudiando más, que no me acordaba de nada, que este último examen lo iba a suspender, etc. Y entonces oí por primera vez lo de “la crisis del 90%”. Me tranquilizó explicándome que cuando pones mucho esfuerzo en conseguir algo, cuando estás a punto de lograrlo, crees que ya no puedes más, se te hace una montaña y piensas que no vas a conseguirlo. Pero no es así, ¡claro que puedes! Solamente tienes que hacer un último sprint para lograrlo. Sólo se trata de un bloqueo mental.

Bien, el hecho es que cuando conces que esa crisis existe, es muy fácil, ya que sabes que el bloqueo no es real, que sólo es que estás al 90% de alcanzar tu meta.

Ahora es 25 de julio, a las 00:30 horas. Este viernes 29 de julio, a las 15:00h empiezo las vacaciones. Estoy tranquila, porque sé que lo que estoy sintiendo sólo es ¡la crisis del 90%!

 

El invento de las “croquellanas”

Siempre me había dado muchísima pereza hacer croquetas. A los niños les encantan. A mi marido igual, o más. Encima mi madre y mi suegra compiten para el premio a las mejores “croquetas de la abuela”. Ambas las hacen más que riquísimas, ¡exquisitas! Mi madre casi siempre de cocido o pollo con algo de jamón, pequeñitas y crujientes por fuera y muy blanditas por dentro. Mi suegra suele hacerlas más grandes y consistentes, de pollo, de boletus, de roquefort, de lo que surja, pero buenísimas siempre. Nunca faltan en celebraciones familiares. Así que lo tengo difícil para los exigentes paladares “croqueteros” de mi familia.

Gracias a MyCook tengo bastante más fácil el hacer la masa. Suelo hacerlas de pollo o de la carne del cocido. El problema es que después de hacer la masa hay que pringarse a hacer las bolitas, rebozarlas y freírlas… Siempre me da una pereza… A veces la consistencia no es la adecuada… Recuerdo un programa de la “Super-nanny” en el que una familia, finalmente feliz después de sus consejos, se ponía a liar croquetas: los padres, los niños, todos juntos… Y recuerdo que yo para mí pensé, si en casa nos pusiéramos todos a liar croquetas sí que se liaba una buena… ¡Aparecería masa de croqueta hasta en el armario de las toallas!

Bueno, todo esto era hasta el pasado mes de abril. Coincidiendo con Sant Jordi fuimos al bautizo de mi ahijado Daniel, el peque de mi otra amiga-hermana, Silvia. Nos quedamos en un hotel maravilloso en la frontera entre Benicàssim y Oropesa, y decidímos alojarnos en régimen de media pensión. La primera noche en la cena nos sirvieron “croquellanas”. Cuando lo leí en el menú le pregunté a la camarera en qué consistían y me contestó que eran las croquetas típicas de Morella. Hago un inciso. Por si no lo conocéis, Morella es un pueblo precioso del Maestrazgo, al noroeste de la província de Castellón, patrimonio de la Unesco y que desde hace unos pocos años forma parte de los considerados ” pueblos más bonitos de España”. Os recomiendo firmemente el visitarlo. Y la gastronomía es también maravillosa.

Volvamos a las croquellanas. Básicamente y para contarlo fácil, son empanadillas rellenas de croqueta. Hacerlas, facilísimo. La masa de las croquetas, como siempre tengas costumbre de hacerla. Luego necesitas las obleas (las que venden en el súper para hacer empanadillas). Después, lo más fácil. Se rellenan las obleas con la masa de las empanadillas. En Morella suelen rebozarlas con huevo y pan rallado y freírlas. Pero puedes simplemente freírlas o incluso solamente pintarlas con clara de huevo y hornearlas. ¡Riquísimas!

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