No caigáis en la tentación… (a no ser que realmente queráis caer)

Es habitual en las parejas que cuando llevan un tiempo viviendo juntos decidan tener un hij@. Y si Dios quiere, como decía mi abuela, lo tienen. Lo típico es que a los dos o tres años tengan otro, y en algunos casos, aunque esos locos son los menos, en el mismo periodo de tiempo tienen un tercero.

Esa época es muy dura. No te han enseñado a ser padre así que lo haces lo mejor que puedes. Los abuelos, tíos, etc. opinan (si creen que lo haces mal, lo que suele ser habitual). Tú te das cuenta que tus hijos también se portan mal en público (tú, que cuando no tenías hijos y veías esas escenitas que montaban los niños pensabas para tus adentros que eso a ti no te iba a pasar), se pelean, no paran… Te agotan. Eres el sargento de hierro y descubres un”yo” de ti mismo que a veces hasta te da miedo.

La logística es casi imposible: uno al cole, el otro a la guarde. Uno hace fútbol como actividad extraescolar, el otro judo, la otra danza… Y los padres de aquí para allá todo el día corriendo. A veces os preguntáis el por qué os habéis complicado tanto la vida.
Pero cuando son algo más mayores se empieza a ver todo más claro. Primero ya van todos al mismo centro educativo, luego Ya pueden empezar a ir solos al cole, a las extraescolares. Te ayudan en casa. Pueden hacer pequeños recados… Vamos, que empezáis a ver La Luz al final del túnel, y entonces no es poco habitual que los padres caigan en la tentación. Llevan años suplicando. Hasta ahora os parecía una locura. Pero creéis que sí son mayores hasta les vaya bien tener una responsabilidad…

Y LLEGA EL NUEVO MIEMBRO A LA FAMILIA: EL PERRO

Es monísimo, cariñosísimo, para él eres Dios… Y al principio, los niños encantados. Se pelean por sacarlo, por darle de comer, por bañarlo… pero poco a poco, con el paso del tiempo ese entusiasmo se va diluyendo. Y los niños se tornan adolescentes. Y tienen que estudiar, salir… y cada vez “pueden” sacarle menos. Y ahora entran a las 8:00 y las mañanas van “apretadísimas”, y al estrés hay que sumarle que hay que bajar al perro… Por no hablar de que por limpio que sea, el perro ensucia.

Y os veis, tú y tu pareja haciendo turnos para bajarlo, darle de comer, bañarlo o llevarlo al veterinario. Tenéis que barrer o aspirar cada día esas peloteas de pelo que aparecen por el suelo. Y llegan las vacaciones y no podéis llevarlo. Y un día que vais de excursión lo dejáis en casa y tenéis que volver pronto para sacarlo y darle de comer… Así que no sabes cómo, pero cuando la vida parecía que empezaba a ser más fácil, tú y tu pareja, ¡os la habéis vuelto a complicar!

Petra divirtiéndose con el relleno de su camita
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