¡Cuando Amazon te salva la vida!

Lo primero de todo me gustaría desearos a tod@s que tengáis una ¡Feliz Navidad y que año próximo venga cargado de éxitos, amor, salud, luz y paz!

Pues la relación entre Amazon y la Navidad (o los Reyes, ya depende de cada casa) es cada vez más estrecha. Yo llevo varios años comprando la mayor parte de los regalos navideños ahí, pero lo de hoy ha sido muy grande, bueno, muy grande no, ¡ha sido colosal!

Este año voy fatal con las compras, estos últimos días tengo muchísimo lío, entre el trabajo, los niños, la casa (Narci, la señora que viene a ayudarme una vez a la semana lleva de baja desde mediados de noviembre), así que no me ha dado tiempo a comprar nada. 

Gracias a Dios en casa celebramos Reyes, pero aún y así, el día de Navidad nos hacemos siempre algún detallito. Anoche intenté comprar en Amazon, porque como estoy suscrita a Amazon Premium pensé a ver si algo me llegaba hoy. Pero no, al tratarse de un envío en 24 h, ya me lo enviaban todo el martes. ¡Too late!

Así que esta mañana no tenía nada aún. Comentándolo en la ofi mi compañero Héctor me ha recomendado que me bajase la app de Amazon Prime Now, el servicio de compra urgente de Amazon. 

Y le he hecho caso. Después de comer con los niños macarrones y croquetas preparadas que acababa de comprara, en mi momento “Nespresso & IPad” me he descargado la app, he seleccionado 5 ó 6 cosas, le he dado a comprar y en 2 horas ya lo tengo aquí. ¡Ah! Y por ser la primera compra me han hecho un descuento de 10€!

¡Amazon sí que piensa en las mamás que lo intentan!

¡Viva la reducción de jornada!

Actualmente mis hijos tienen 14, 11 y 9 años, y por primera vez en estos casi 15 años me he acogido a una reduccción de jornada. Muchos se preguntarán el por qué me acojo ahora, después de tanto tiempo. La respuesta pasa por responder antes a otra pregunta, al por qué no me había acogido antes.

En el año 2002, cuando nació mi hijo mayor, yo estaba recién aterrizada en el mundo de la publicidad y de las agencias de medios. Por aquel entonces ya existía la ley de la reducción de jornada, pero en este mundo nuestro de la publicidad era algo más que impensable. De hecho se decía en la empresa que allí no se podía coger la reducción, que no te la daban. Y nosotras tan ingenuas nos lo creíamos… Todas tirábamos de abuelos, tíos-abuelos y/o canguros. Hasta que una compañera bien informada la solicitó formalmente y la empresa no tuvo más remedio, muy a su pesar, que concedérsela, ¡claro! Y después de ella, vinieron unas cuantas más. 

Esto debía ocurrir sobre el año 2005, poco después de tener a mi segundo hijo. Por aquel entonces escuché por primera vez aquello de “lo peor de la reducción de jornada no es que la persona se vaya antes, es que deja de hacer horas extra”. Me pareció brutal oírlo de la boca de un director de equipo, pero más aún se trataba de una mujer y madre. Hay cosas que un jefe jamás debe verbalizar delante de sus empleados. 

Cuando estaba yo empezando a planteármelo (lo de tirar de abuelos y tíos-abuelos con dos empezaba a complicarse), sin haberlo buscado especialmente, me vi inmersa en un proceso de selección para un perfil similar al mío para trabajar en otra agencia. Me seleccionaron y me pareció interesante el cambio, pero evidentemente descarté la reducción de jornada. Con el diferencial del incremento salarial y gracias a que mi marido le iba bastante bien contratamos a una chica todo el día para que se ocupase de la casa y los niños (otro día escribiré sobre el bonito mundo de “las chicas”). 

Al cabo de casi 3 años vino el pequeño, y durante la baja maternal participé en varios procesos de selección. En algunos no me contrataron por estar de baja, seguramente porque necesitaban un gran compromiso y con tres niños no les pareció el perfil adecuado… En uno no acepté yo, porque ya empezaba a dudar si iba a poder seguir el mismo ritmo de trabajo con 3 criaturas. Pero cuando el niño tenía pocos meses volvieron a llamarme, y como más o menos nos apañábamos, esta vez sí acepté. Y otra vez tuve claro que no podía reducirme la jornada recién contratada. Seguimos apañándonos, eso sí, pasando por un periplo de chicas que se iban yendo a sus países de un día para otro. 

Al cabo de un tiempo mi marido se quedó sin trabajo así que, coincidiendo con la marcha de una canguro de hoy para mañana, él empezó a ocuparse de recoger a los niños. A los pocos meses se puso de autónomo a trabajar por su cuenta y podía gestionar su tiempo, y seguía ocupándose de los niños por la tarde. Y así pasaron 4 años. Pero, gracias a Dios, mi marido cada vez tenía más trabajo y la situación era ya insostenible. Para poder recogerles y ocuparse de ellos por la tarde, muchos días tenía que trabajar luego hasta bien entrada la noche.

Y cuando en el mes de junio a mi hijo mediano le diagnosticaron TDAH (también escribiré sobre esto) y teníamos que llevarle a reeducación un día a la semana, dedicarle más tiempo, etc., la decisión fue fácil.

El tema es que no tengo menos trabajo que antes, sino que al revés, llevo ahora algún cliente más. Así que se me hace realmente difícil cumplir mi nuevo horario. Para no sobrecargar a mis compañeras, muchos días intentó llegar antes por la mañana, apuro hasta la hora límite para ir a buscar a los niños, todos los días estoy conectada por la noche contestando y redactando e-mails… Así que más que reducción de jornada, como decía mi amiga Ana, tengo una bonita reducción de sueldo. Eso sí, ¡la alegría que me da recogerles cada día no tiene precio!

La rueda del hámster

 

Hoy LinkedIn me ha enviado un mail con una sugerencia de empleo que podría interesarme. Concretamente se trataba de una agencia de medios en Barcelona que buscaba un perfil realmente similar al mío. Como no suele ser un perfil muy demandado he decidido cotillear la oferta. “Por si las moscas…”.

En principio la oferta podría haber parecido interesante. Se trataba de una gran agencia que conozco bien, las tareas y responsabilidades pintaban muy bien, el perfil requerido encajaba bastante bien con el mío… hasta que he llegado al apartado competencias personales. Pedían cualidades necesarias y habituales para este puesto: inquietud por aprender, iniciativa, orientación a cliente, orientación a calidad, trabajo en equipo, pensamiento analítico… Pero lo que me ha impactado que además de éstas, y situadas en las top 3 cualidades que se requerían, estaba la tolerancia, la gestión de la presión y la gestión del stress. Entre líneas he leído: puesto no adecuado para madres, no apto para personas con compromisos familiares, abstenerse cuarentañeras e incluso preferentemente varones.

Me lo digo a menudo. Realmente tengo que salir de esta rueda.

La rueda del hámster

Hoy tocaba excursión

Sí, excursión  a “los Madriles”. Debía asistir a una reunión de una hora con un cliente. Sí, solamente por una horita toda mi rutina familiar se ha visto alterada. Pero así es la vida! Y hay que tomárselo bien! No queda otra!

Como no me gusta arriesgar, para llegar puntual a la reunión a las 10h (no era en la capital, sino en un polígono de una población a 30 Km al oeste de Madrid) he cogido el primer puente aéreo a las 6:45h. Anoche me puse el despertador a las 5:30 y ya llamé para pedir el taxi para las 5:50h. Pero mi subconsciente, siempre tan prudente, ha decidido despertarme a las 5:20h para que no tuviese que correr tanto. He dejado preparada la ropa y las mochilas de los peques, para hacerle a mi santo marido el ritmo matutino algo más llevadero. Espero que lo hayan visto!

He llegado a tiempo al aeropuerto para el primer vuelo. Hacía mucho que no cogía ese vuelo. Cuando he llegado a la fila para el control todos eran hombres, todos ellos ejecutivos, uniformados, con sus trajes oscuros y sus corbatas, con sus maletines y/o trolleys Samsonite negros todos iguales (por cierto, como no se confunden al coger el equipaje?). Así que yo, mujer, y con mi look casual total (es que está el denim que arrasa esta temporada) y mi maletín azul eléctrico marcaba la nota discordante. Medio dormida aún he llegado al control, no sin unos pequeños trances: “señorita los botines”, “perdone señorita, también el cinturón”… (Me han llamado señorita, pareceré más joven de lo que soy?). Una vez pasado el control tenía su gracia verme allí rodeada de ejecutivos descalzos atándose los zapatos y colocándose el cinturón y la americana! En el avión (no lleno del todo, por cierto), lo mismo, mucho hombre y poca mujer; algunas de ellas en traje, por cierto.

He llegado pronto a Barajas, sobre las 8:00h, así que he tenido tiempo de irme a un tocador a darle a la “chapa y pintura”. Gracias a Dios, porque tenía unas ojeras y una cara de madrugón! Menos mal que no hay nada que un buen maquillaje no pueda arreglar!

Como la ofi de Madrid me quedaba de paso viniendo del aeropuerto he acudido allí a recoger a los compañeros con los que iba a ir a la reunión. Aún me ha dado tiempo a tomarme un cafelito y charlar con algunos colegas.

Luego la horita de coche por las M30s, M40s, etc. Después la horita de reunión, tras eso la otra horita de tráfico por las carreteras de Madrid de vuelta a la ofi. Como a mediodía la frecuencia de los ‘puentes’ es fatal, me he quedado mejor en la oficina de Madrid leyendo y contestando mails (la gestión de mi buzón ocupa buena parte de mi jornada). También he aprovechado para tratar temas que llevamos con compañeros de Madrid y además para hablar un ratito con unos y otros. Con lo que a mí me gusta darle a la sinhueso!

He estado con nuestra Bea, “compi forever”, que trabajó cinco años con nosotros y que hace ya un año se nos trasladó a “la capi”. Qué ilusión el reencuentro! Hasta lo hemos inmortalizado con un #instaselfie!

He comido con mi amigo Miguel Ángel, con el que en su momento hablaba cada día más que con mi propio marido! Bea no ha podido acompañarnos. Estaba de trabajo hasta arriba 😞. A ver si la próxima! Por cierto, he comido salmorejo, un wrap de pollo de unos 15 cm de diámetro y un cheescake tan denso que si me llega a caer en el pie me lesiona! 6 horas más tarde aún estoy haciendo la digestión!

Luego, de vuelta hacia el aeropuerto. El puente aéreo por la tarde ya no es lo mismo. A las 16:30 el vuelo de las 17 y el de las 17:30 ya estaban llenos, así que me han asignado el de las 18h. Igualmente, he intentado embarcar en el vuelo anterior (a veces quedan plazas y puedes colarte). No era la única a la que se le había ocurrido, evidentemente. Al llegar había unas cuantas personas intentándolo. Entre ellos tres colegas de una gran compañía proveedora nuestra (dos de ellos excompañeros). Una de ellos ha tenido suerte y lo ha conseguido, pero los otros dos y yo nos hemos ido a embarcar en el vuelo de las 18h. Menos mal, ya que luego nos hemos enterado que ha habido un lío con una maleta (una Samsonite negra, seguro!) y ese vuelo ha salido más tarde que el nuestro!

El chico (excolega de trabajo) me ha mirado el look y me ha dicho “que juvenil vas, no?” Claramente creo no soy target del puente aéreo. Aunque luego en el avión me he fijado y en este vuelo por la tarde había muchas menos corbatas y alguna que otra mujer más. Eso sí, yo era la única en jeans.

Bueno, sobre las 20h ya en casa. Justo a tiempo para las cenas, para el paseo de Petra, y la llamada a mi madre. De vuelta a la rutina! Ha sido como cuando de peques íbamos de excursión. Creo que me tocará alguna visita más a “los Madriles” en las próximas semanas. Que ilusión! Eso sí, si tengo que ir en avión, me compro un traje!

¿Para cuánto da la vida?

Me estreno en el Blog con una de mis frases favoritas, que por cierto no es mía sino que se la tomé prestada a mi amiga Adriana: “la vida no me da para más“. Por cierto, no hay que confundirla con “la vida no me da”. La vida da para mucho, pero desde luego no para todo.

Aquí va uno de mis días laborables cualquiera.

7:00: Suena el despertador. A levantarse toca. Oigo otra alarma. Corro a doblar la ropa recién salida de la secadora y a programar otra con la ropa que recién sale de la lavadora (prometo escribir en el futuro sobre la maravillosa programación de los electrodomésticos). Luego, una ducha rapidita, que una algo más larga requeriría levantarse antes… Bufff!!! A desayunar, importantísimo. A partir de ahí, toca el turno de los niños: despertarlos, ayudarles con la ropa, preparar desayunos y llevarlos al cole.

8:45 – Cafetito rápido con mi marido cerca de la ofi antes de empezar la jornada laboral. Aprovechamos para charlar los dos apenas 1o minutos, pero sin la presión de los niños o la casa, y aunque quizás no parezca mucho, es uno de los momentos del día que más espero. Y así mi maridín se lleva el coche, porque apara cerca de la ofi a esa hora es casi misión imposible.

9-18:00 (apr0x.) – La jornada laboral. Seguro que en posts futuros hablaré de esto.

18:30 – Al salir, depende del día. Quizás alguna visita a un médico, una compra urgente de última hora, y andando para casa. Allí esperan marido y niños. Él habrá ido a buscarles al cole (sí, tengo uno de esos maridos maravillosos que escasean, de los que recogen a los niños en el colegio), y estará luchando en la guerra de los deberes (tema que también merecerá post y reflexión al respecto). Después toca hacer la cena, preparar la comida del día siguiente, programar la lavadora, la secadora e incluso quizás la lavaplatos.

20:30 – Cenan los niños. Ellos ponen y quitan la mesa, ayudan a vaciar el lavaplatos y a volver a cargarlo. Bendito día que establecí un calendario de “service“. Antes siempre había peleas a la hora de pedirles ayuda. Ahora, al que le toca, le toca.

21:00 – Después a bajar a Petra, nuestra perrita. Este turno me toca a mí. Los otros dos los hacen los dos niños mayores, pero de este no me libro (consejo, si os estáis planteando tener un perro, asumid que le bajaréis vosotros, seguro) . Eso sí, aprovecho el mini paseo canino nocturno para llamar a mi madre y hablar con ella unos minutos y simplemente saber cómo le ha ido el día. Hablar por teléfono mientras paseas es fácil y te permite hacer dos cosas a la vez.

21:30 – Finalmente cenamos nosotros y despúes un ratito de sofá, manta, IPAD y TV.

23:30 – Un ratito de cuidado personal, o de lectura, o de orden/limpieza (lo prometoooo, también habrá posts sobre esta cuestión).

24:0o – ¡¡¡Por fin!!! Le toca el turno a la cama… es vital cuidar del sueño y de la vida de pareja 😉 .

¡Vaya! Me estoy planteando de dónde voy a sacar tiempo para escribir este Blog!